viernes, 30 de septiembre de 2011

EDIPO

Edipo y la Esfinge de Gustave
Moureau
Hijo de Layo, rey de Tebas, y de Yocasta. Advertido por el oráculo de Delfos de que uno de sus hijos lo mataría, Layo abandonó al niño en el monte Citerón. Lo encontraron unos pastores, y, como tenía los pies hinchados, lo llamaron Edipo (término que, en griego, significa “pie hinchado”). Después lo condujeron ante Pólibo, rey de Corinto. El soberano y su esposa Peribea lo adoptaron como hijo. Ya adulto, Edipo oyó de un corintio indiscreciones sobre su origen. Consultó entonces al oráculo de Delfos, que le reveló que mataría al padre y desposaría a su madre. Tratando de evitar el cumplimiento de la predicción, se fue de Corinto, pues creía que Pólibo y Peribea eran sus verdaderos padres. Entre Delfos y Tebas, en un paraje rocoso, tuvo un altercado con un desconocido, a quien mató. Así se confirmó la primera parte del oráculo; el desconocido era Layo. En Tebas, Edipo se encontró con la esfinge, monstruo que proponía un enigma a los viajeros, a los que devoraba al no obtener respuesta satisfactoria. Edipo, sin embargo, descifró la pregunta del esfinge que, decepcionada, se precipitó desde lo alto de una roca. El reconocimiento de su hazaña, Creón, regente de Tebas, le cedió el trono y le concedió la mano de la reina Yocasta. De esa unión incestuosa nacieron cuatro hijos: Eteocles, Polinice, Antígona e Ismena, todos de trágico destino. Después de algunos años de reinado feliz, el héroe vio diezmada por una epidemia a la población de su país. Nuevamente recurrió al oráculo, el que declaró que la peste sólo cesaría cuando fuera expulsado de Tebas el asesino del Layo. El soberano maldijo al asesino y tomó medidas para individualizarlo. Consultó al adivino Tiresias y, a través de sus revelaciones, acabó por llegar a la verdad. Yocasta avergonzada ante el incesto, se ahorcó. Edipo se vació los ojos y, expulsado de la ciudad llevó una vida errante, acompañado solamente por su hija Antígona. Eteocles y Polinice se negaron a interceder en su favor, y él los maldijo. Después de largos viajes llegó al Ática, donde encontró asilo junto a Teseo. Sus hijos y Creón trataron entonces de hacerlo volver Tebas, pues un oráculo había predicho que el país que albergara su tumba sería protegido por los dioses. Edipo, sin embargo, se negó a volver, y murió en Colona, burgo próximo a Atenas. Así aseguró al pueblo ateniense la victoria permanente sobre los tebanos.  

Edipo y la Esfinge. Detalle sobre antigua crátera griega
Edipo y la Esfinge de Jean Dominique Ingres

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